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Al Boardman





Mensaje del escritor:





Bienvenido querido lector, es para mi un placer mantenerme comunicado contigo através de este sitio.



Voy a procurar dejar derrepente algún que otro cuentecillo o relato que puedas devorar fácilmente justo antes de dormir... porque claro, ya lo sabes... los libros nunca duermen... te dejo un abrazo y como siempre mi gratitud a tu voraz lectura.







con afecto, Al




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jueves, 18 de marzo de 2010

Ojos que no ven
(Of sight)
Al Boardman

Las cosas cambian en la oscuridad, especialmente cuando se está solo, se desprenden los cerrojos de la caja de la imaginación y todas las cosas pueden salir volando completamente libres. S.K.

Dicen que los animales huelen y ven el miedo.
Que pueden presentir catástrofes y fenómenos naturales antes de que sucedan.
Dicen además que, los animales pueden ver fantasmas.
¿Qué hay de más en el ojo, en el oído de los perros?
¿Que ven ellos que nosotros no­… quizá porque no queramos verlo.
Gruñen y ladran ¿En defensa? O ¿Por coraje y miedo?
No se ustedes, pero las cosas pueden verse muy distintas en la quietud de la noche. En la soledad de la oscuridad cuando a las tres de la madrugada nos despierta el rumor constante de un gruñido, de un ladrido bajito pero doliente en el que reconocemos el miedo de nuestro perro.
Nos levantamos y estupidamente sin prender la luz (quizás por el absurdo temor de encontrarnos descubiertos a no se quien) nos encaminamos a observar disimuladamente sin apartar la cortina de la ventana, que es lo que merodea por fuera de nuestra casa.
Aguzamos el oído para detectar cualquier sonido extraño, diferente.
Logramos separar los gruñidos familiares de nuestro vigilante canino y nos quedamos quietecitos, petrificados tratando de escuchar, de ver.
Y nada.
Los ladridos cesan y somnolientos regresamos a la cama.
Entresueños escuchamos movimiento, arañazos y un pronunciado masticar.
Nos decimos a nosotros mismos que es el aire, que no hay nada. Con tanto ladrido le dio hambre al perro y está echándose una merienda de media noche. No te sugestiones y duerme que mañana hay que trabajar.
Por la mañana despertamos sin recordar apenas nuestra excursión nocturna en busca de monstruos.
Y al salir nos resulta extraño no encontrar a nuestro perro, le llamamos, le silbamos y nada.
Tan sólo una bola de pelo canino da vueltas en el patio como maroma fantasma de un spaguetti western.
Y del perro nada.
Le silbas, le siseas, le chistas… y nada.
Deberíamos haber escuchado sus ladridos de súplica y haberlo dejado entrar en casa.
Quizá brinco la puerta, salió y se perdió, ya regresará. Eso nos gustaría creer.
Pero esa bola de pelo rojinegra y pegajosa que da macabros tumbos en el patio trasero nos pone a pensar que tal vez no regresará y que su único pecado fue ver, oler y sentir lo que nosotros no pudimos.
Que bueno que nosotros no podemos ver fantasmas, monstruos, duendes o lo que sea.
Ojos que no ven… monstruo que no come… ¿Quizá?

viernes, 8 de enero de 2010

Seguro, dispara al monstruo

Seguro, dispara al monstruo
(Sure, shot the monster)
Al Boardman

De la Antología de cuentos “Waiting for the perfect ride”
Copyright COBR760908-2010

“El miedo es de elección libre… cada uno coge el que quiere… S.K.”

No podía continuar con esa vida. Esa sensación de sentirse vigilado y perseguido, estaba por volverle loco. Por eso cuando Charlie cumplió los doce años, decidió hacer frente a aquello que lo acosaba desde que tenía uso de razón.

Nunca se lo contó a nadie, pero estaba seguro de la existencia de aquel ser que nunca se separaba de su lado, y que se sentía tan real. Por las noches lo escuchaba posarse sobre la cabecera de la cama, siempre con ese maldito olor a plumas, como de pájaro muerto. Llegó a pensar que aquella cosa, fuera lo que fuera, se nutría del vaho de su respiración.

Durante el día, especialmente al caminar rumbo al colegio, sentía que la presencia de aquel ser se subrayaba. Su oído experto podía escuchar nítidamente aquellos pasos caminando tras él, siempre tras él.

Habían sido muchos años y el tiempo le había permitido poder ubicarlo exactamente. Por eso aquel día soleado, en medio del inmenso bosque de abedules pelados, el tiro no falló. Hacia poco que practicaba, pero era suficiente. Siempre en el bosque y siempre guiado por el canto y aleteo de las aves a las que pocas veces había fallado.Se detuvo en el camino, tentó y sacó de entre sus ropas aquella piedra maciza y redonda, que celosamente había guardado para el momento. La colocó despacio en la resortera y aspiró profundo. Sudaba y en cada gota de sudor fue liberando noches y días de terror y miedo.

Entonces escuchó ese aletear familiar que fue llegando poco a poco; aguzó el oído y lo ubicó sobrevolando justamente sobre su cabeza.

Disparó, un golpe seco le avisó que la piedra había dado en el blanco, todo estaba hecho.
Una lluvia de plumas blancas cayó desde el cielo y con ellas… un ángel, que permaneció tendido, inmóvil, sobre una cama de tierra seca que comenzó a humedecerse y teñirse de rojo.

Charlie sabía que nunca podría ver la luz, ni los árboles, ni las flores, pues ciego de nacimiento seria toda la vida, pero se sintió libre, satisfecho y en su vida brillo… de nuevo la esperanza.